Tesis de Posgrado

Los dioses y la vida ritual de Quiriguá en sus textos jeroglíficos.

Tesis de doctorado en Estudios Mesoamericanos (UNAM). Ma. Eugenia Gutiérrez (2013).

El paso del katún. La personificación del tiempo entre los mayas del Clásico.

Tesis de maestría en Estudios Mesoamericanos (UNAM). Ma. Eugenia Gutiérrez (2008).

El oficio de observar y controlar el tiempo: los especialistas meteorológicos en el Altiplano Central.

Tesis de doctorado en Antropología (UNAM). Alicia María Juárez Becerril (2010).

Los calendarios mesoamericanos analizados desde una perspectiva interdisciplinaria.

Tesis de maestría en Estudios Mesoamericanos (UNAM). Rafael Villaseñor Montiel (2007).

Mayordomos, santos y rituales en Xalatlaco, Estado de México. Reproducción cultural en el contexto de la religiosidad popular.

Tesis de maestría en Historia y Etnohistoria (ENAH). Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes (2004).

Imágenes de santos en los pueblos de la región de Chalma. Mundos predicadores de otra historia.

Tesis de doctorado en Historia y Etnohistoria (ENAH). Ramiro Alfonso Gómez Arzapalo Dorantes (2007).

El conocimiento astronómico de los antiguos mayas: estudio a partir de las series lunares.

Tesis de doctorado en Estudios Mesoamericanos (UNAM). Rafael Villaseñor Montiel (2012).

Filiación biológica en los mayas del norte de la Península de Yucatán (períodos Clásico Terminal al Posclásico).

Tesis de doctorado en Estudios Mesoamericanos (UNAM). Margarita Meza Manzanilla (2012).

Ensayos

Los mayas y la profecía de 2012

Se dice que 2012 será el fin de una era de acuerdo con algunas profecías mayas que nadie sabe explicar bien. En este ensayo, Ma. Eugenia Gutiérrez se pregunta por qué habría de hablarse sobre un tema tan poco fundamentado y da una respuesta basada en el posible origen de la profecía.

Para consultarlo haz clic en el vínculo de la siguiente revista electrónica:

logo_cuadrivio

Coloquios

Memoria del Primer Coloquio sobre Cosmovisión Indígena en Puebla

Coordinadoras: Alejandra Gámez Espinoza y Rosalba Ramírez Rodríguez

Escritura en Mesoamérica


Ma. Eugenia Gutiérrez

La escritura ha sido una parte fundamental de algunas culturas mesoamericanas a lo largo de toda su historia. En los pueblos mayas podemos encontrar uno de los ejemplos mejor estructurados de sistemas de escritura originales que, a pesar de haber sufrido modificaciones a lo largo de los siglos, aún mantenían un carácter definido y estaban ampliamente diseminados al momento de la conquista española. Para los antiguos mayas, particularmente para los del periodo Clásico comprendido entre los siglos II y IX de nuestra era, escribir fue un acto cuya importancia apenas alcanzamos a imaginar en nuestros días. Se escribía en piedra (muros, dinteles, jambas, puertas, estelas, altares, tumbas, joyas), madera (cajas, herramientas), cerámica (vasijas, platos, vasos), papel y piel (códices) y hasta en los huesos.

No obstante, con la llegada de los españoles a América en el siglo XVI se inició una etapa de destrucción masiva de todos los materiales que, a juicio de los políticos y los frailes europeos, pudiese contener información que obstaculizara los intereses de la corona española. Es decir que la decadencia de la escritura prehispánica se dio en el marco de una confrontación no sólo política y económica, sino particularmente religiosa.

El sistema escriturario que prevalecía en las tierras mayas durante los años de la llegada de los europeos era un sistema logosilábico sumamente desarrollado que, aunque no guardaba ya la complejidad sintáctica que tuvo en los años del periodo Clásico, sí seguía conservando sus principales características: una redacción geométrica que da mucha importancia no sólo al texto sino al espacio que éste ocupa, una riqueza visual que resulta en un método de escritura muy rico en imágenes de lo cotidiano, rostros y cuerpos zoomorfos y antropomorfos que se vuelven una especie de umbral entre lo abstracto y lo concreto con una conjunción de imágenes y reglas fonéticas. Pero quizá uno de los rasgos que fueron determinantes para la feroz persecución que vivió esta tradición literaria sea la fuerte asociación que tuvo con lo calendárico y lo sagrado.

Para poder estudiar a fondo la magnitud de la destrucción que tuvo lugar durante la conquista es necesario considerar, en todo momento, la importancia que tenía la escritura prehispánica para la vida religiosa de los pueblos que la desarrollaron. No se puede hablar de textos mayas del Clásico sin hacer una inmediata asociación con su carácter ritual.

Las fuentes históricas coinciden en apuntar que la fuerza de los conquistadores logró imponerse en todos los ámbitos. Incluso los españoles más cercanos a los indígenas conquistados, aquéllos que se consideraron siempre como aliados, formaron parte también de los grupos que lograron ejercer una influencia contundente en la forma de vida de los pueblos mayas y que fueron desmantelando las formas públicas de representar el pensamiento hasta forzarlas a desplegarse en la clandestinidad.

 

La escritura como forma de resistencia

En el lenguaje de los códices que encontraron los españoles en el siglo XVI aún persistían los rasgos centrales de las piedras mayas prehispánicas del Clásico. Es pertinente señalar que la escritura maya había sufrido ya modificaciones importantes durante el Posclásico. No se debe atribuir a los europeos la pérdida de la riqueza de la escritura en piedra que ha dado fama a ciudades como Palenque, Tikal, Copán, Yaxchilán o Quiriguá, por mencionar sólo algunas. Para el siglo XVI, todas estas ciudades ya habían sido abandonadas por la élites que, al parecer, se llevaron con ellas el esplendor escriturario que caracterizó al periodo Clásico. Sin embargo, es importante subrayar que la escritura jeroglífica siguió viva durante varios siglos y que fue a partir de la persecución española que los últimos vestigios de la escritura antigua cayeron en total desuso.

Algunas formas antiguas de la escritura permanecieron, particularmente en los libros de Chilam Balam, pero siempre de manera clandestina. En otras palabras, la magnitud del impacto de la conquista española sobre la tradición literaria de las tierras conquistada fue tal que, según autores como Stephen Houston, John Baines y Jerrold Cooper, solamente bastó una generación para que la escritura maya se volviera completamente obsoleta.

Si bien hubo pueblos de Mesoamérica, particularmente del Altiplano Central, que lograron rescatar algunos de sus antiguos libros y que siguieron redactándolos, la producción escrita de los mayas sufrió un daño irreparable durante los Autos de Fe realizados en Yucatán pocos años después de la conquista, el 14 de agosto de 1562. En dichos Autos, el obispo Fray Diego de Landa organizó en Maní la exitosa incineración de todos los textos mayas que tuvo a su alcance.

Así, la mayor parte del registro escrito de los mayas antiguos desapareció. Nació entonces una nueva forma de escritura que fungió como rescate de la memoria en un momento crítico de transición e incertidumbre y que devino una práctica de resistencia cultural que permitió la sobrevivencia del pensamiento maya durante varios siglos después de la conquista.

 

Los calendarios entre los antiguos mayas


Ma. Eugenia Gutiérrez

Según información de la Enciclopaedia Brittanica, el término ‘calendario’ proviene del latín calendarium que significa “registro de interés o libro de cuentas” y es una derivación de calendae, “primer día del mes romano, y día en que eran proclamados futuros días de mercado, fiestas y otras ocasiones” (Enciclopaedia Brittanica, vol. 3: 595, trad. Gutiérrez).
Un calendario es una forma de agrupar los días y regular la vida civil. Esta definición se ajusta en gran medida a lo que podemos entender por calendario entre los mayas del Clásico. Habría que agregar, sin embargo, que no existió solamente un calendario sino varios sistemas de cómputo de los días, los meses, los años, los siglos y las eras imbricados con una gran complejidad (Ayala 1978, 2001; Aveni 1997 <1980>; Thompson 1960 <1950>).
Una regla básica de las inscripciones jeroglíficas de las tierras bajas mayas durante el Clásico es la utilización de variantes para la escritura, en formas que pueden ser geométricas o corporales, tanto para los números como para los periodos (Montgomery 2002):


  • Las variantes geométricas de los números están constituidas por: puntos y barras.

  • Las variantes corporales, tanto de números como de periodos, están constituidas por: imágenes corpóreas de seres antropomorfos y zoomorfos, o bien, por híbridos donde se mezclan rasgos humanos y animales —sean éstos existentes o fantásticos—, así como iconos de objetos de la naturaleza (como piedras, plantas o fragmentos vegetales).


A su vez, las variantes corporales, tanto de números como de periodos, se subdividen en:

  • Variantes de cabeza y partes del cuerpo: glifos con la representación de alguna cabeza antropomorfa, zoomorfa o híbrida (seres existentes o fantásticos), o representados por fragmentos del cuerpo humano como dedos, manos, brazos, pies, piernas y dientes, o bien por fragmentos del cuerpo de animales o de híbridos como garras, ojos, colmillos y hocicos.

  • Variantes de cuerpo completo: que son otra manera de escribir los mismos glifos pero no recurriendo a una cabeza, una mano o un fragmento corporal sino utilizando un cuerpo completo, ya sea de humano, de animal o de híbrido.


Los números suelen representarse en formas geométricas y en formas corporales humanas, a excepción del número 13 que con frecuencia es representado como animal (Thompson 1960 <1950>).

Los periodos, en cambio, suelen representarse en formas geométricas, formas corporales humanas, formas corporales animales, así como en plantas y elementos de la naturaleza.

Las variantes geométricas y de cabeza y partes del cuerpo son las formas de escritura más comunes. Las variantes de cuerpo completo son las formas de escritura más complejas y menos utilizadas.

Estas son convenciones escriturarias comunes a todos los glifos mayas del Clásico (Montgomery 2002). Para consultar estas variantes, véase la Guía Glífica de Inga Calvin en famsi.

Sobre los elementos que constituyen la Serie Inicial

Lo que hoy conocemos como Serie Inicial fue definida así desde fines del siglo XIX. Maudslay la detectó en inscripciones en piedra, mientras que investigadores como Seler y Förstemann se dieron a la tarea de sistematizar su estudio en los códices (Ortega 2001: 74-76). Suele ubicarse al inicio de las inscripciones y consta de:

  • Un Glifo Introductor de la Serie Inicial (GISI), que presenta dioses patronos de la veintena (mes) o Haab’.

  • La Cuenta Larga, constituida por la combinación de números y periodos que forman ciclos. En la gran mayoría de los casos, esos ciclos son cinco: B’aktuun, K’atuun, Tuun, Winal y K’in, pero puede haber notaciones con otros ciclos mayores.

  • La Rueda Calendárica, que es la combinación de los números-días del Tzolk’in con los números-meses del Haab’ para formar una fecha.


Información básica sobre el Tzolk’in

En el calendario Tzolk’in o Almanaque Sagrado se combinan trece numerales con veinte signos para contabilizar un total de 260 días (13 x 20=260). Cada uno de estos trece días consta de la combinación de un numeral (1-13) y alguno de los siguientes veinte signos: Imix, Ik’, Akb’al, K’an, Chicchan, Kimi, Manik, Lamat, Muluk, Ok, Chuwen, Eb’, B’en, Hix, Men, Kib’, Kab’an, Etz’nab’, Kawak y Ajaw (véanse los siguientes ejemplos dibujados por Stuart.




La combinación de trece números con veinte signos permite que el conteo circule y fluya de tal modo que sólo es posible la repetición de un número y un signo combinados cuando hayan transcurrido 260 días.

Se desconoce el nombre que le dieron los mayas. Este calendario o almanaque resulta distintivo de Mesoamérica, pues no hay evidencia de una cuenta similar en ninguna otra región del mundo a lo largo de la historia (Ayala 1978, 2001). Esta cuenta sagrada ha permanecido como marca indeleble de un pasado común para muchas comunidades mayas de nuestros días.

Información básica sobre el Haab’

Los mayas utilizaron un sistema que les permitía contabilizar el transcurrir del año solar o periodo de 365 días. Tal y como lo hicieron otras culturas mesoamericanas en distintos periodos (zapoteca, mixteca y mexica), los mayas manejaron un año de 18 veintenas, o meses de 20 días, más un periodo de 5 días que se consideran aciagos (18 x 20 + 5=365). Estos 365 días que constituyen las 18 veintenas adquieren su nombre a partir de la combinación de 20 numerales con 18 signos (Aveni 1997 <1980>; Ayala 2001). Aunque los avances en el desciframiento epigráfico han dado como resultado una propuesta de nombres nuevos para los meses del Haab’, los nombres tradicionales de las 18 veintenas que se conocen son: Pop, Wo, Zip, Sotz’, Tz’ek, Xul, Yaxk’in, Mo’l, Ch’e’n, Yax, Zak, Keh, Mak, Kank’in, Muwaahn, Pax, K’ayab’ y Kumk’u. A estas veintenas se suma el bloque de 5 días considerados aciagos que se llama Wayeb’ (ver los Signos de Mes del Calendario Maya Haab’).

Los calendarios desempeñaron un papel fundamental en la vida religiosa, social y política de los mayas del Clásico. El Tzolk’in (o Almanaque Sagrado) tenía un carácter adivinatorio y fue una herramienta para conocer el destino por medio de la cuenta de los días (Closs 1977; Thompson 1960 <1950>). Dicha cuenta fue uno de los grandes rasgos distintivos de la religión mesoamericana prehispánica. Su permanencia después de la conquista fue tan sólida que llevó a frailes españoles como Diego de Landa, Antonio Margil, Pedro Cortés y Larraz o Francisco Ximénez a detectarla y combatirla (Rupflin 1994: 108-114). La cuenta de los días persiste hasta hoy entre muchos grupos mayas, como los ixiles (Colby y Colby 1986 <1981>), los zinacantecos (Bricker 1980 <1966>), los quichés (Schultze Jena 1954 <1945>; Tedlock 2002 <1982>) y los chujes (Shaw 1974).

En otras palabras, los calendarios mayas del periodo Clásico son sistemas de cómputo temporal con propósitos religiosos, políticos, agrícolas y sociales que estuvieron cuidadosamente imbricados y que eran inherentes a la escritura. En el caso específico del Tzolk’in, tuvieron un carácter adivinatorio, por lo que trascendían el ámbito de lo matemático-astronómico para dar forma a la gran mayoría de las prácticas rituales y religiosas cuyas representaciones visuales en la escritura y la arquitectura pueden ser estudiadas como deidades.

Referencias bibliográficas


  • AVENI, Anthony F., 1997
    <1980> Observadores del cielo en el México antiguo, trad. Jorge Ferreiro, FCE, 2ª. reimp., México, 394 p.

  • AYALA FALCÓN, Maricela,
    1978 El año de 260 días en Mesoamérica. Su origen y funcionamiento. Tesis para optar al grado de Licenciada en Historia, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México.

  • 2001 “La escritura, el calendario y la numeración” en Manzanilla, Linda y Leonardo López Luján (coords.), Historia Antigua de México. Volumen IV: Aspectos fundamentales de la tradición cultural mesoamericana, INAH/UNAM-IIA/Porrúa, México, pp. 145-187.

  • BRICKER, Victoria R.,
    1980 <1966> “El hombre, la carga y el camino: antiguos conceptos mayas sobre tiempo y espacio, y el sistema zinacanteco de cargos”, en Los zinacantecos. Un pueblo tzotzil de los Altos de Chiapas, Vogt, Evon Z. (editor y coautor), 1ª reimp. a la edición de 1966, México, pp. 355-370.

  • CLOSS, Michael P.,
    1977 “The Nature of the Maya Chronological Count”, reimpreso a partir de American Antiquity, vol. 42, no. 1, enero 1977, pp. 18-27.

  • COLBY, Benjamin N. y Lore M. Colby,
    1986 <1981> El contador de los días. Vida y discurso de un adivino ixil, trad. Juan José Utrilla, FCE, México, 311 p.

  • ENCICLOPAEDIA Brittanica, en 30 vols., vol. 3, William Benton (ed.), The University of Chicago, EUA, 15ª. edición, fundada en 1768, pp. 595-612, 1975.

  • MONTGOMERY, John,
    2002 How to Read Maya Hieroglyphs, Hippocrene Books, Nueva York.

  • ORTEGA PEÑA, Elsa,
    2001 Fundamentos de epigrafía maya en los investigadores alemanes del siglo XIX, Programa de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Mesoamérica y el Sureste, Científica 6, UNAM, México, 160p.

  • RUPFLIN, Walburga,
    1994 ¡Que no se apague su día, su luz y destino! El calendario de 260 días, un sistema simbólico mesoamericano y su importancia entre los mayas de Guatemala, tesis para obtener el grado de Licenciada en Antropología Social, Universidad Autónoma de Chiapas, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 432 p.

  • SCHULTZE Jena, Leonhard,
    1954 <1945> La vida y las creencias de los indígenas quichés de Guatemala, traducción y prólogo de Antonio Coubaud Carrera y Herber D. Sapper, Editorial del Ministerio de Educación Pública de Guatemala, Biblioteca de Cultura Popular 20 de Octubre, Vol. 49, Guatemala, 133 p.

  • SHAW, Mary (ed.),
    1974 “Free Translations of Chuj Texts. Chuj Pantheon” y “Text in Chuj. The Chuj Pantheon” en According to Our Ancestors. Folk Texts from Guatemala and Honduras, Instituto Lingüístico de Verano en Centro América, Ilustraciones de Patricia Ingersoll, Guatemala, pp. 97-108 y 325-338.

  • TEDLOCK, Barbara,
    2002 <1982> El tiempo y los mayas del altiplano, trad. Fernando Peñalosa, Fundación Yax Te’, California, 248 p.

  • THOMPSON, J. Eric S.,
    1960 <1950> Maya Hieroglyphic Writing, an Introduction, University of Oklahoma Press: Norman, Oklahoma, 347 p. + Ils.